Premiados ASAHI 2020

El 4 de mayo, ALIJA estuvo de fiesta, porque Ahmad Redza Khairuddin, presidente del jurado del IBBY ASAHI, anunció en conferencia virtual que Casa Cuna Cuenteros había ganado por unanimidad dicho premio. Esta es la tercera oportunidad en la que la Argentina se alza con este galardón. El CEDILIJ (Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil), de Córdoba, lo obtuvo en 2002; y el programa de las Abuelas Cuentacuentos, de la Fundación Mempo Giardinelli, del Chaco, en 2012. 

En este Ventanas Nª 4 les pedimos que nos contaran acerca de las tareas que realiza esta Institución.

CASA CUNA CUENTEROS

Nacimos en una Feria del Libro Infantil, en unas vacaciones de invierno con frío en la nariz y ganas de encontrarnos. Sin tener más brújula que el deseo y el amor por las lecturas, nos citamos en la puerta del hospital y nunca más nos fuimos. De ese primer encuentro ya van a cumplirse siete años y acá estamos, con la valija cuentera más llenita que nunca.

No es fácil hablar de un proyecto que tiene tantos matices, no le hace justicia. Deberíamos poder mostrarles cada contada, que es diferente a la anterior, cada mirada y cada palabra que se abre como una gota de rocío en un caleidoscopio.

Desandamos historias en el camino de esta historia, la nuestra: un grupo de juglares que camina los pasillos del hospital pediátrico apostando a que lo maravilloso siempre es en el encuentro con el otrx.

Quiénes somos

Somos un voluntariado que tiene su base de trabajo en el Hospital Pedro de Elizalde (Ex Casa Cuna), de ahí nuestro nombre. El hospital es el más antiguo de Sudamérica y tiene una larga historia desde su origen como Casa de Niños Expósitos, que data del año 1779, hasta su conformación en hospital pediátrico, en el año 1961. El “Casa Cuna” como se lo llama afectivamente, se ubica a pocos metros de la estación de Constitución y asiste a población infanto-juvenil proveniente de CABA, de varias zonas del conurbano bonaerense y también de países limítrofes.

Las fundadoras y coordinadoras del proyecto somos Alejandra Alliende y Verónica Álvarez Rivera (área de narración) y la Lic. Laura Ormando (área de salud y enlace institucional); y lo conforman diecisiete miembros activos, en su mayoría docentes, bibliotecarios y personas que tienen alguna experiencia en narración y en el trabajo con niños. Ellos son María Victoria Casco, Fabio Di Giacomo, Any González, Graciela Verónica Joaquín, Margarita Pastor, Fernando Polo, Antonella Rocchi, Judith Russo, Claudia Salandin, Sandra Semienchuk, Tania Szostik Lazos, Mabby Torres, Marcela Velaustegui, Olga Walter.

El grupo concurre al hospital una vez por semana, en duplas o tríos que planifican previamente la actividad: la narración de cuentos con el soporte visual del libro ilustrado en mano. Se incluyen además canciones, rondas, juegos y el uso de susurradores.

Lecturas en el espacio, historias en la esperas

Casa Cuna Cuenteros se consolida a partir de la necesidad de crear un espacio de promoción de la lectura en un ámbito donde los libros rara vez llegan: casi como marca registrada de la época, durante los tiempos de espera a las consultas o el de las internaciones, es frecuente observar el consumo de pantallas de celulares. Nos preguntamos entonces si era posible ofrecer una otra espera mediatizada por las historias, desde un marco de promoción de derechos de la salud y la literatura.

Desde este cruce, no conceptualizamos la intervención como un tratamiento psicoterapéutico ni como una actividad que “cura”. Tampoco se trata de un dispositivo pedagógico: no “enseñamos” a leer ni convocamos a “aprender”. Se comparten cuentos por el placer que provoca el escuchar, compartir y disfrutar una buena historia. 

Sin embargo, sí puede pensarse en la restitución subjetiva que conllevan las lecturas. En este sentido, con nuestra actividad de lectura-narración en el espacio público de salud apuntamos:

– a la escucha activa,

– a la co-creación de un espacio de lectura/narración compartido por los niños/as y sus familiares,

– al lazo social comunitario de lectura a partir de que otrxs puedan devenir en lectores/narradores de sus hijxs o compañerxs,

– a la participación de la comunidad hospitalaria desde los voluntarios hasta los profesionales de la salud,

– a la restitución de la lectura como derecho.

Donde nos encontramos vos y yo

El tiempo y el espacio son parte esencial de la intervención. Los niños juegan, crean un mundo propio que toman muy en serio y que emplea grandes montos de afecto. Pero la realidad hospitalaria es la que se impone a veces por sobre el juego y la fantasía que espontáneamente se revelan en los niños, niñas y jóvenes. Sobre esa senda se interviene: en el ofrecimiento de mundos alternativos, a través del lenguaje de la literatura se exploran situaciones, se crean nuevos espacios. El cuerpo, cansado de viajar o de pasar una “mala noche”, como suelen decir algunos, comienza a ser sede de las palabras, de las historias, de las imágenes, otras que no tienen que ver con cánulas ni diagnósticos. La espera es con otrxs y deviene una pausa en el camino.

Usamos libros porque de allí nacen muchas de las historias. Los libros tienen cuerpo también y pueden circular. El uso del libro ilustrado durante la narración provee un marco visual concreto a la historia que se narra. Como los pacientes van y vienen al ser llamados por los profesionales, el soporte visual les permite incorporarse con facilidad a la historia si llegan cuando la misma está empezada. Además al utilizar el libro mostramos a familias y niñxs que es una actividad que pueden replicar y compartir. El texto escrito puede ser narrado una y mil veces. La historia puede volver a disfrutarse incluso sin la presencia de los Cuenteros. Solo se precisa un libro y la voz de quien comparte esa historia con otros, la figura del mediador. Y en este sentido, mediador es quien asume la replicación de la historia hacia la comunidad, hacia su grupo de pertenencia.

Nuestra actividad es itinerante dentro del hospital, ya que no contamos con lugar físico propio, pero esa es también la esencia de la actividad: recorrer la institución, llegar con nuestros carros llenos de libros hasta donde no se puede salir por motivo de una internación o porque hay que esperar a que los profesionales llamen para la consulta. Adaptamos nuestra actividad a las particularidades propias de cada uno de estos espacios tomando en cuenta los protocolos médicos de cada uno.

En algunos, nuestro trabajo es más interactivo y grupal. En otros es más íntimo. Los libros ilustrados siempre están presentes en todas las modalidades que adoptamos. 

Dentro del Hospital visitamos los siguientes espacios:

Sala Esperanza (Sala de hemato-oncología coordinada por la Fundación Natalí Flexer de Ayuda al Niño con Cáncer): sala de espera para pacientes oncológicos con tratamientos programados ambulatorios. Se arma una rutina o secuencia de cuentos, canciones y rondas que se cuenta al público de la sala, incluyendo a los voluntarios.

– Salas de espera generales de Consultorios Externos. Denominamos “Mesadas” a este espacio porque realizamos nuestra actividad en unas mesas circulares cercanas a los consultorios externos de las diferentes especialidades médicas. Los chicos se acercan desde los bancos de espera y eligen cuentos, preguntan, y luego toman los libros para repasar la historia que acaban de ver y escuchar. O se quedan con algún cuentero, en un rincón más alejado, escuchando la historia que se despliega ante sus ojos.

– En Salas de internación clínica, de Salud Mental-Hospital de día de Hemato oncología: Este un espacio de mayor sensibilidad ya que involucra ingresar al espacio íntimo de las habitaciones, lo cual requiere una comunicación diferente, una relación particular con la escucha para estar atento al momento de finalizar: se tienen en cuenta las ganas y la predisposición de cada uno.

Patio del Hospital. Cuando el buen clima lo permite, realizamos parte de la actividad en el patio: extendemos mantas bajo los árboles y a la manera de un “picnic” contamos los cuentos, armamos juegos y rondas.

– Entre el año 2015 y el año 2017 se llevó a cabo lo que denominamos “El cuento de las buenas noches”: un espacio de investigación conjunta entre área de psicología y de narración/lectura. En este caso la actividad fue en el horario nocturno de 19 hs a 23 hs. Una cuentera voluntaria en conjunto con la psicóloga del grupo concurría a las salas de internación para contar “El cuento de las buenas noches”. Aquí el trabajo de observación y reflexión fue constante en pos de acompañar la actividad en un ámbito de mucha sensibilidad. 

 Pandemia ¿y ahora, qué hacemos?

El 2020 nos encontró con dos noticias importantes y que nos hicieron replantear la la acción cuentera: el anuncio de la pandemia por el COVID19 y el del IBBY-Asahi Reading Promotion Award 2019, previa candidatura propuesta por ALIJA, que desde ya era un reconocimiento a nuestra labor. Ambas, parte de una paradoja: un galardón que llegaba en el momento en que nuestra actividad se veía frenada irremediablemente por ser presencial. No asistir al hospital generó volver a pensarnos como grupo y desde las intervenciones posibles dentro del contexto sanitario. ¿Cómo llegar hasta lxs chicxs y sus familias? Ya no había atención ambulatoria, lo cual nos remitía solo a la internación. Hacemos videos con cuentos, dijimos. 

Armamos limericks, los subimos a nuestra página. Pero en las habitaciones no cuentan con conectividad wi fi, no iban a llegar hasta los chicxs internadxs. ¿Entonces? ¿No hacemos nada más? ¿Nos quedamos esperando a volver algún día?

Pues no. Pusimos manos a la obra y generamos los folios cuenteros: cada voluntarix seleccionó poemas, cuentos, adivinanzas y canciones que armaron sobre cartulinas decoradas y guardaron en folios para garantizar la higiene requerida al ingreso a las habitaciones. Armamos postas de recolección para hacerle llegar el material a Laura, que es la que continúa trabajando en el hospital. Una bolsa entera después, se entregaron las nanas, los cuentos, las poesías a lxs bebés, chicxs, jóvenes, sus familias y también al personal profesional y administrativo del Cuna. Porque ellxs son lxs que están poniendo el cuerpo en esta pandemia, y a ellxs va nuestro más profundo agradecimiento por la labor que realizan. Les obsequiamos bocaditos de poesía y, como dijo Nori, la señora que realiza la limpieza de una de las salas de internación: qué bueno que alguien se acuerde que hace falta poesía en este mundo.

Así que en esas andamos por estos días: hasta que podamos volver a los pasillos del querido Casa Cuna, filtramos literatura para que la espera sea una pausa y no una pena, porque en este tiempo, más que nunca, queremos seguir presentes.